No es un chatbot ni una automatización. Es alguien de tu equipo: con su nombre, su correo y su teléfono, un trabajo que hacer, un nivel de inteligencia, un horario y la autonomía que vos le des. Lo contratás desde el CRM y se pone a trabajar.
Prospectora
Busca empresas que encajan con lo que vendés, arma la ficha, la carga en el CRM y te deja el primer contacto redactado.
Lo que lo vuelve parte del equipo no es que responda: es que tiene identidad. La misma que tiene cualquiera que trabaja con vos.
No es «el bot». Tiene nombre, y tu equipo lo trata como a uno más.
Una casilla real a su nombre. Escribe, responde y lo sumás a un hilo como a cualquiera.
Un número por el que trabaja: WhatsApp, mensajes, lo que tu operación use.
Un objetivo claro, con criterio y con límites. Sabe qué lograr y qué no debe tocar.
Elegís cuánta cabeza le ponés. Más para lo difícil, la justa para lo repetitivo.
Trabaja cuando lo necesitás: de 9 a 18, solo los fines de semana, o cuando pasa algo en tu negocio.
Vos definís cuánto hace solo. Desde pedirte permiso para todo hasta resolver y avisarte.
Todo eso lo definís vos, en un lugar, y lo cambiás cuando quieras.
Tu robot no vive encerrado en una ventana de chat. Trabaja sobre tu negocio, sobre las herramientas que ya usás y sobre lo que hay afuera.
Mueve oportunidades, prepara búsquedas, arma reportes, contesta tickets. Todo lo que hoy hace tu equipo en el CRM, el ATS y los flows.
Trabaja sobre las herramientas que ya tenés conectadas a Moio, sin recibir una sola contraseña: Moio hace de intermediario en cada acción y las llaves nunca salen de tu casa.
Navega, investiga, completa formularios y trae de vuelta lo que todavía no está en ningún sistema.
Sin integradores, sin proyecto de implementación, sin escribir una línea de código.
Arrancás con uno. Sumás más cuando el trabajo lo pida.
Nombre, correo, teléfono y un rol. El mismo modelo de permisos que usás con tu gente: un robot con rol de vendedor ve y hace lo que ve y hace un vendedor.
En tus palabras. Qué tiene que lograr, con qué criterio, y qué no debe tocar.
Cuándo trabaja: por reloj, o cuando pasa algo en tu negocio — entra un lead, se vence una etapa, alguien abre un ticket.
Su nivel de inteligencia, su autonomía y su presupuesto. Sabés qué puede hacer y cuánto gasta antes de que lo haga.
No arrancás con una hoja en blanco. Elegís un robot entrenado para un trabajo concreto, le cambiás lo que quieras, y lo ponés a laburar.
Prospectora
Busca empresas que encajan con lo que vendés, arma la ficha, la carga en el CRM y te deja el primer contacto redactado.
Reclutador
Lee los CVs que entran, los ordena contra el perfil de la búsqueda, agenda las entrevistas y avisa cuando una vacante se queda sin candidatos.
Soporte
Clasifica lo que entra, resuelve lo repetido, y lo que no puede lo pasa a la persona indicada con el contexto ya armado.
Un robot que trabaja solo tiene que ser uno en el que confíes. Por eso el control no es una opción avanzada: viene puesto.
Desde «dejámelo listo y yo apruebo» hasta «resolvé y avisá». Le das más cuerda cuando confiás, herramienta por herramienta.
Un robot gasta lo suyo y nada más. Sabés lo que cuesta antes de fin de mes.
Los mismos roles que le das a tu gente. Si un rol no puede borrar contactos, el robot con ese rol tampoco.
Cada acción, con su hora y su motivo. Siempre podés responder qué hizo tu robot hoy.
Quién está trabajando, en qué anda cada uno ahora, qué resolvió solo y qué te dejó para revisar. Con la hora y el motivo.
Su objetivo: Encontrar empresas que encajan con lo que vendemos, cargarlas en el CRM y dejar el primer contacto redactado para que lo apruebe alguien.
Por el chat de la consola, por su correo o por su teléfono. Te contesta con lo que ve de tu operación, no con un guion.
¿Cómo venís con las metalúrgicas de Canelones?
Revisé 40 y quedaron 8 que dan el perfil. Cargué 3 en el CRM y te dejé el primer contacto de Aluminios del Sur para que lo mires antes de que salga.
Sumás robots como sumás gente: cada uno con su nombre, su rol, su objetivo y su presupuesto. Sin migraciones, sin replantear nada. Y el día que uno ya no hace falta, lo das de baja.
Contratá tu primer robot